Hablemos de la persecución de 388 millones de cristianos
Según la Lista Mundial de la Persecución 2026, el número de cristianos perseguidos por su fe alcanza un máximo histórico. El verdadero foco de alarma ya no son los atentados, sino la persecución institucional: leyes anticonversión, tribunales de excepción y vetos administrativos a la infancia.
NUEVA DELHI / PEKÍN — La fe minoritaria se asfixia hoy entre boletines oficiales, reformas penales y tribunales de excepción. Según los datos consolidados de la Lista Mundial de la Persecución 2026, elaborada por la organización Puertas Abiertas (Open Doors), más de 388 millones de cristianos en todo el planeta sufren actualmente discriminación sistemática, exclusión social o violencia directa debido a sus creencias. La cifra no solo marca un máximo histórico, sino que revela una tendencia al alza sumamente alarmante: el número de personas en situación de riesgo se ha incrementado en 8 millones respecto al balance del año anterior, de 380 a 388 millones.
Del ataque físico a la «presión silenciosa»
Los analistas de la organización advierten de un cambio de paradigma en la estrategia represiva. El foco de preocupación internacional ya no reside únicamente en lo que Open Doors denomina persecución «smash» —los ataques físicos o los atentados perpetrados por grupos armados—. El verdadero desafío de este año se encuentra en lo que la propia organización bautiza como persecución «squeeze», o institucional: un mecanismo silencioso mediante el cual los propios Gobiernos utilizan el aparato del Estado para desmantelar la libertad religiosa desde la legalidad vigente.
El código penal como arma en India e Irán
En este nuevo mapa de la opresión burocrática, India (puesto 12 de la lista) e Irán (puesto 10) se consolidan como dos de los escenarios más complejos para los conversos, utilizando la vía judicial como herramienta de coacción. En la India, la presión social ha sido sustituida por una ofensiva jurídica formal: las leyes «anticonversión», ya vigentes en doce estados del país, criminalizan en la práctica la libre elección de credo. Bajo la premisa de evitar coacciones o fraudes, estas normativas son utilizadas de manera sistemática por las autoridades locales para efectuar detenciones arbitrarias y señalar a las minorías, dejando a los nuevos cristianos en una situación de vulnerabilidad jurídica que valida indirectamente el acoso de sectores extremistas.
Irán, por su parte, mantiene una política de tolerancia cero hacia la apostasía del islam. El régimen de Teherán persigue la actividad de las iglesias domésticas —los templos clandestinos que operan en viviendas privadas—, y los ciudadanos iraníes que adoptan el cristianismo pierden de inmediato buena parte de sus derechos civiles, enfrentándose a procesos ante tribunales revolucionarios que se traducen habitualmente en penas de prisión prolongadas.
China: el veto legal a la infancia
En el extremo oriental, China —puesto 17 de la lista, tras descender dos posiciones respecto al año anterior— ha perfeccionado un modelo de asfixia administrativa bajo el amparo de la denominada política de «sinización» de las religiones, cuyo objetivo es subordinar cualquier creencia a las directrices ideológicas del Partido Comunista. Las normativas vigentes impiden a los menores de edad participar en actividades religiosas, incluido el acceso a lugares de culto, campamentos o catequesis, incluso en aquellas congregaciones que cuentan con el registro y la aprobación oficial del Estado, mientras se endurecen las inspecciones contra las familias que imparten educación religiosa en el ámbito privado del hogar.
"La opresión institucional esquiva las grandes condenas internacionales al carecer del impacto visual de los atentados físicos."
Siria, el mayor salto de la lista
El repunte más brusco de todo el informe corresponde a Siria, que escala doce puestos hasta situarse en el sexto lugar global —frente al puesto 18 que ocupaba el año anterior—, el mayor salto registrado en toda la historia de la lista. Open Doors atribuye este ascenso a un repunte drástico de los asaltos a templos, entre ellos un atentado contra una iglesia de Damasco que dejó 25 muertos, y al deterioro generalizado de la seguridad para la minoría cristiana del país.
Nigeria, el epicentro de la letalidad
Nigeria, en el séptimo puesto, repite un año más como el territorio más mortífero del planeta para los cristianos: concentra el 72% de los asesinatos de creyentes registrados en todo el mundo por motivos religiosos, con 3.490 de los 4.849 casos documentados globalmente, según los datos del informe.
Claves globales — Top 10 Lista Mundial de la Persecución 2026
| 1 | Corea del Norte |
| 2 | Somalia |
| 3 | Yemen |
| 4 | Sudán |
| 5 | Eritrea |
| 6 | Siria |
| 7 | Nigeria |
| 8 | Pakistán |
| 9 | Libia |
| 10 | Irán |
Fuente: Lista Mundial de la Persecución 2026, Puertas Abiertas (Open Doors).
La invisibilidad de la violencia burocrática
El informe de la Lista Mundial de la Persecución 2026 pone de manifiesto que las reformas legislativas pueden ser tan devastadoras para una comunidad como la violencia física. Al no generar el impacto visual de los conflictos armados, la persecución institucional suele avanzar con una preocupante opacidad internacional, esquivando las grandes condenas diplomáticas mientras erosiona, desde las estructuras del propio derecho, la pluralidad y la libertad de conciencia.
Occidente ha entendido tradicionalmente la persecución religiosa bajo la espectacularidad de la tragedia: templos destruidos, detenciones masivas, violencia explícita. Los datos de este año, sin embargo, obligan a calibrar de nuevo esa mirada. Lo que ocurre en India, China o Irán no es un estallido de ira popular, sino una estrategia de ingeniería social ejecutada desde los despachos ministeriales: cuando un Estado instrumentaliza el código penal para prohibir que un adulto cambie de fe, o diseña leyes para impedir que un niño entre a un templo, no está persiguiendo un culto, está legislando sobre la conciencia. Esa persecución silenciosa avanza con ventaja: no genera imágenes de impacto para los informativos, y por ello resulta más difícil de combatir desde la diplomacia internacional.