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Miércoles, 12 de agosto de 2026 Edición Nº 4
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ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

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Internacional · Colombia

La mayor emergencia sísmica en Colombia en las últimas tres décadas

Los sismólogos suelen repetir una regla casi intuitiva: mientras más profundo es el foco de un terremoto, menos destrucción provoca en superficie, porque la energía se disipa en su viaje hacia arriba.

El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia el pasado lunes rompió esa intuición. Según el boletín técnico del Servicio Geológico Colombiano (SGC), el hipocentro se ubicó a cerca de 103 kilómetros de profundidad, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, una cifra que en teoría debía traducirse en un movimiento amortiguado. No fue así: la magnitud fue tan alta que buena parte de esa energía llegó intacta a la superficie y sacudió estructuras a cientos de kilómetros de distancia.

"Una magnitud tan alta como 7.4 significa que la energía, aunque profunda, no se disipa del todo y viaja hacia arriba. Buena parte de esa energía llega a la superficie, que es lo que la gente sintió en todo el país", explicó Fredy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional de Colombia, para justificar por qué un acontecimiento que técnicamente no era superficial terminó por afectar a millones de personas en Cali, Pereira, Manizales y Bogotá como si lo hubiera sido.

"Una magnitud tan alta como 7.4 significa que la energía, aunque profunda, no se disipa del todo y viaja hacia arriba."

El fenómeno tiene una explicación tectónica de fondo: la sacudida se originó en la zona de subducción del Pacífico, donde la placa Nazca se hunde bajo la placa suramericana, un proceso que acumula energía durante años y la libera de forma súbita. El SGC reportó además una veintena de réplicas registradas hasta la tarde del lunes, con magnitudes entre 1.4 y 4.8, y advirtió, a través de su cuenta oficial, que ni el sismo principal ni sus réplicas pueden predecirse.

Cifras que se mueven

El relato técnico del Servicio Geológico Colombiano se separa del relato humanitario de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Mientras el SGC concentra su misión en la vigilancia instrumental del fenómeno —y en recopilar percepciones ciudadanas con fines estrictamente científicos a través de su plataforma "Sismo Sentido"—, es la UNGRD la entidad con la potestad legal para centralizar y validar el censo oficial de daños y víctimas en el país.

Esa diferencia de roles explica por qué, en las primeras horas tras el sismo, circularon cifras de muertos distintas según la fuente: la cifra que terminó por consolidarse, entregada por el propio presidente Abelardo de la Espriella este martes, habla de al menos 138 personas fallecidas y 570 heridos, un balance que las autoridades advierten puede seguir moviéndose mientras avanza la remoción de escombros en las zonas más golpeadas.

El coste material del sismo, según el consolidado oficial, incluye 1.575 viviendas afectadas y 37 destruidas por completo, 61 edificaciones colapsadas de forma estructural, 18 vías nacionales con agrietamientos o deslizamientos y 52 centros educativos con daños, uno de ellos con afectaciones estructurales graves en Nilo, Cundinamarca.

En el frente hospitalario, el Hospital Universitario del Valle, en Cali, sufrió un colapso parcial, y al menos siete grandes instituciones de salud debieron ser evacuadas. La Aeronáutica Civil ordenó la suspensión temporal de operaciones en siete aeropuertos del occidente del país —Cali, Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura— para adelantar evaluaciones estructurales, mientras las autoridades marítimas descartaron riesgo de tsunami para la costa Pacífica.

El sistema PAGER del Servicio Geológico de Estados Unidos estimó en 649 millones de dólares las pérdidas económicas del evento, y calculó que cerca de 1,6 millones de personas sintieron una sacudida "muy fuerte", dentro de un universo de 8,9 millones de personas expuestas al movimiento entre Colombia, Ecuador y Panamá.

Un gobierno recién estrenado, a prueba

El desastre puso a prueba, apenas tres días después de su posesión, al gobierno de Abelardo de la Espriella, quien asumió la presidencia de Colombia el 7 de agosto tras suceder a Gustavo Petro. El mismo lunes del terremoto, a las 11:43 de la mañana, el mandatario declaró el "desastre de carácter nacional", una figura contemplada en la Ley 1523 de 2012 que le permite al Ejecutivo adoptar medidas excepcionales, expedir decretos legislativos y disponer de mecanismos financieros extraordinarios para garantizar recursos frente a la emergencia, además de exigir a la UNGRD, gobernaciones y alcaldías planes de recuperación de cumplimiento obligatorio.

La declaratoria, que puede extenderse hasta por dos meses, también habilita reglas de contratación pública más flexibles para acelerar la respuesta institucional. "Yo estaré al frente de esta emergencia nacional, recorriendo el país sin descanso", afirmó Espriella, quien delegó la coordinación operativa en el vicepresidente José Manuel Restrepo y centralizó la vocería en su jefe de gabinete, Nicolás Gómez.

Norma sismorresistente frente a autoconstrucción

A ese trasfondo político se suma uno estructural, de más largo aliento. El diseño sismorresistente de las edificaciones formales en Colombia está regido por la Norma Sismo Resistente de 2010 (NSR-10), que actualizó los códigos de 1984 y 1997 y que exige a las construcciones formales absorber la energía de un sismo para evitar el colapso total. Especialistas en ingeniería sísmica coinciden en que buena parte del daño reportado en las zonas periféricas de las ciudades afectadas responde menos a una falla de esa norma que a la extendida autoconstrucción informal —viviendas levantadas sin planos estructurales ni licencias de urbanismo—, un patrón que suele explicar por qué, tras un mismo sismo, las edificaciones formales resisten con fisuras menores mientras las informales colapsan.

La sacudida golpeó, además, el corazón del país: la región Andina, que concentra a Bogotá, Medellín y el Eje Cafetero, alberga a alrededor del 40% de los cerca de 53,5 millones de habitantes que el DANE proyecta para Colombia, mientras que la región Pacífica —donde estuvo el epicentro, en Chocó— arrastra históricamente los mayores índices de necesidades básicas insatisfechas del país.

Ese cruce entre alta exposición sísmica y alta vulnerabilidad socioeconómica ayuda a explicar por qué la ayuda internacional empezó a llegar horas después del sismo: el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció una partida de 15,5 millones de dólares para la UNGRD destinada a refugios de emergencia, raciones alimentarias y apoyo técnico, mientras el país entero espera que el balance de la Unidad termine de estabilizarse en los próximos días.

Fuentes: Servicio Geológico Colombiano (SGC), Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Presidencia de la República, El Tiempo, CNN en Español, Cambio Colombia, USGS PAGER, Departamento de Estado de EE. UU.

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