Eclipsados por su Sanchidad
El cierre al público del Observatorio Astronómico de Yebes para convertirlo en el palco vip del Gobierno es, sencillamente, un acto grotesco. Uno más en la larga lista. Mientras los mortales nos damos codazos en paradores, cerros y miradores improvisados con la esperanza de ver el eclipse, si es que lo vemos, nuestro presidente se reserva una platea privilegiada sin ofrecer una sola explicación política. Solo personal. Eso sí, pagada con el dinero de todos, porque en este país, al final, todo se paga con el dinero del contribuyente.
Y lo más llamativo es la contradicción. Después de tanta campaña institucional pidiéndonos que reduzcamos nuestra huella de contaminación, tanta pantomima verde repetida hasta la saciedad, llega la paradoja del Falcon y el CO₂: el uso de transporte aéreo para presenciar un evento de apenas un minuto de oscuridad total, para después regresar a sus idílicas vacaciones (en Falcon, por supuesto) como si España no estuviera al borde del colapso, con la crisis de Ceuta de fondo. Un episodio que desmiente, una vez más, el discurso oficial sobre la transición ecológica y la reducción de emisiones.
La paradoja del Falcon y el CO₂: transporte aéreo para ver un minuto de oscuridad total, mientras España afronta la crisis de Ceuta.
Como siempre, nuestro querido presidente haciendo cosas de su Sanchidad, recomendando canciones y libros por Instagram mientras deja que España se las arregle sola. ¿No estamos ya cansados? No solo de él, sino de toda esa corte de seguidores y palmeros que aplauden cada decisión y cada alegato como si de un líder supremo se tratara, como si estuvieran dispuestos a darlo todo por él. Y eso, sinceramente, es peor que su propio narcisismo.
Porque al final, el problema no es solo quien ocupa el palco. Es la corte que se lo construye, lo justifica y lo aplaude sin hacer una sola pregunta. Un país no se sostiene sobre gestos simbólicos ni sobre la lealtad ciega de quienes deberían ejercer el mínimo espíritu crítico que exige la democracia. Mientras sigamos mirando hacia otro lado, seguiremos permitiendo que el verdadero espectáculo, el de la gestión pública, quede eclipsado por completo.