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Miércoles, 26 de agosto de 2026 Edición Nº 6
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Portada · Salud Pública

España triplica los casos de chikungunya mientras el mosquito tigre gana terreno

De la erradicación del aislamiento sanitario al avance del mosquito tigre: medio siglo de transformación epidemiológica en España. El país afronta un cambio de paradigma en salud pública, en el que las viejas batallas contra virus respiratorios o la polio han dado paso a desafíos climáticos globales.

Mosquito tigre

Imagen de archivo, de carácter ilustrativo.

El último informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) ha encendido las alarmas sanitarias en pleno verano: España ha registrado 119 casos de chikungunya hasta mediados de agosto, casi el triple de los 42 contagios contabilizados en el mismo periodo del año anterior. Aunque las autoridades confirman que el 100% de los positivos detectados corresponden a casos importados —de personas que contrajeron la infección viajando, principalmente a Bolivia (54 casos) y Cuba (20 casos)—, el verdadero desafío no reside fuera, sino dentro de las fronteras españolas.

Un mosquito local, la amenaza real

La masiva consolidación del mosquito tigre (Aedes albopictus) en la franja mediterránea y otras zonas del territorio incrementa exponencialmente el riesgo de que un insecto local pique a un viajero infectado y desate un brote autóctono. Desde el ámbito de la vigilancia epidemiológica se insiste en que el notable incremento de casos importados refuerza la importancia de mantener la vigilancia tanto en España como en los países con circulación activa del virus, y en que la prioridad pasa por el diagnóstico rápido y la activación de las medidas de control entomológico necesarias para evitar que un caso viajero desencadene una transmisión local.

Este panorama no es un episodio fortuito, sino la culminación de cincuenta años de profundos cambios demográficos, climáticos y de salud pública que han transformado por completo el mapa epidemiológico español.

Años 70 y 80: el fin del atraso y el impacto de los nuevos síndromes

A principios de la década de 1970, España salía de la penumbra de las enfermedades de la pobreza y la falta de infraestructuras higiénicas. Tras haber erradicado oficialmente la malaria en 1964, los esfuerzos se centraron en la vacunación masiva para arrinconar los últimos reductos de la poliomielitis y la difteria.

Sin embargo, el sistema sanitario nacional se enfrentó pronto a dos crisis imprevistas que moldearon sus herramientas modernas de control. El síndrome del aceite tóxico, en 1981, causado por la intoxicación masiva con aceite de colza desnaturalizado, afectó a más de 20.000 personas y provocó alrededor de 330 muertes confirmadas en sede judicial, aunque estudios epidemiológicos posteriores elevan la cifra de fallecidos asociados a complicaciones crónicas derivadas de la intoxicación. Aunque su origen fue químico, la emergencia obligó al país a desplegar encuestas y metodologías de campo masivas bajo una estructura de crisis epidemiológica. Por otro lado, la eclosión del VIH/sida durante los años ochenta convirtió a España en uno de los países europeos más golpeados por la epidemia, estrechamente vinculada en sus inicios al consumo de heroína inyectada. Aquella crisis obligó a transformar los tabúes sociales en políticas públicas de reducción de daños y prevención activa.

Desde el Centro Nacional de Epidemiología (CNE) se subraya que esta evolución forzó una tecnificación sin precedentes: el organismo integra hoy la vigilancia y el análisis de datos poblacionales para generar evidencia científica, lo que permite predecir dinámicas y anticipar riesgos emergentes, un salto tecnológico notable frente a los mecanismos de respuesta mayormente reactiva que predominaban en las últimas décadas del siglo pasado.

El cambio de siglo: la globalización alimentaria y respiratoria

Hacia los años noventa y los primeros 2000, los riesgos epidemiológicos globales evidenciaron que el aislamiento sanitario español era cosa del pasado. España aprendió que las fronteras comerciales eran permeables a patógenos biológicos complejos. La crisis de la encefalopatía espongiforme bovina, conocida popularmente como «las vacas locas», puso en jaque el control alimentario y veterinario nacional con la llegada de casos de la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en humanos. Apenas unos años después, en 2009, el país vivió la primera alerta pandémica del siglo XXI con la gripe A (H1N1). Pese a que su letalidad global resultó inferior a los peores pronósticos, la crisis sirvió como ensayo técnico para los almacenes de antivirales y las redes de monitorización autonómicas.

La era contemporánea: amenazas de alta letalidad y el retorno de los vectores

La última década ha consolidado un escenario en el que los virus más remotos del planeta se encuentran a un vuelo de distancia. En 2014, España gestionó la crisis del Ébola tras registrarse en Madrid el contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, el primer caso de transmisión de este patógeno fuera del continente africano. Seis años después, en 2020, la irrupción de la COVID-19 asestó el mayor golpe sanitario, social y estadístico a la nación en un siglo, y redefinió por completo los canales de notificación en tiempo real.

Hoy, la principal mutación del riesgo epidemiológico no viaja únicamente en avión, sino que se reproduce en los jardines y macetas de los ciudadanos. El progresivo aumento térmico derivado de la crisis climática ha propiciado que mosquitos que históricamente eran exclusivos de climas tropicales encuentren en la península ibérica un ecosistema ideal. Investigadores del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) coinciden en que, a medida que aumenten las temperaturas, el mosquito tigre se desplazará de forma sostenida hacia el norte del continente, colonizando regiones hoy consideradas templadas, y en que su expansión en España obliga a reforzar las medidas de control de sus poblaciones.

Hacia una sola salud (One Health)

El salto a 119 casos importados de chikungunya no representa un peligro de infección inmediata generalizada, pero sí una advertencia estructural. El virus del Nilo Occidental —con un brote activo este mismo mes de agosto en Andalucía, que ya suma medio centenar de casos concentrados en Sevilla, con nuevos contagios también en Huelva—, el dengue y el zika forman ya parte de la agenda diaria de los epidemiólogos nacionales.

El virus del Nilo Occidental, con un brote activo este mes en Andalucía, el dengue y el zika forman ya parte de la agenda diaria de los epidemiólogos nacionales.

Los especialistas en salud pública y gestión ambiental coinciden en que los retos actuales ya no se solucionan de forma aislada en las salas de urgencias: el flujo constante de virus y otras patologías globales demuestra que la salud pública debe gestionarse de forma integrada, y que los programas de vigilancia entomológica y control sanitario-ambiental son la vía para reaccionar con la máxima rapidez posible ante amenazas transfronterizas.

España ha transitado con éxito de un modelo centrado en la desnutrición y el saneamiento de aguas a un sistema hipertecnológico de monitorización biológica. En un planeta interconectado, el control de la próxima gran epidemia del país podría depender de algo tan local como erradicar el agua estancada de un plato de maceta mediterráneo.

Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), Centro Nacional de Epidemiología (CNE) e Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Las valoraciones institucionales recogidas en este reportaje se presentan de forma indirecta a partir de las líneas de trabajo publicadas por estos organismos.

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