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Miércoles, 26 de agosto de 2026 Edición Nº 6
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

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Opinión

Pantallas de humo

Mientras el país real se ahoga en problemas estructurales, las grandes cadenas de televisión deciden que el tema del día es explicar un meme de TikTok. Que un informativo nacional dedique más de tres minutos de reloj a desgranar con gravedad el origen y el significado de «farmear aura» no es una anécdota ridícula: es un síntoma alarmante de la degradación del periodismo actual. En algún momento de la historia reciente de los medios de comunicación hemos decidido cambiar la información rigurosa por la más pura frivolidad. Resulta bochornoso ver a presentadores de informativos impostar la voz para explicar códigos juveniles, desaprovechando un espacio de máxima audiencia que debería servir para fiscalizar al poder y reflejar la crudeza de la calle. No necesitamos que el telediario nos traduzca las redes sociales; necesitamos que nos cuente qué pasa con nuestras vidas.

Mientras se estira un fenómeno de internet que no es noticia ni debería ocupar un solo segundo de televisión, se pasan por alto miles de datos económicos y sociales cruciales. La crisis de la vivienda inaccesible, con alquileres que suben sin control y expulsan a los jóvenes de sus barrios, se despacha a menudo en segundos y con gráficos de colores. La presión migratoria y la realidad de la llegada masiva a Ceuta, que satura los servicios básicos y exige debates serios con datos rigurosos, se diluye en crónicas apresuradas. Los asesinatos y los sucesos graves de inseguridad se reducen a cifras rápidas antes de dar paso a los deportes, deshumanizando la tragedia. Incluso la ruina del campo, donde el producto agrícola local se asfixia ante la entrada masiva de mercancía exterior que llega sin controles ni aranceles justos, se ignora sistemáticamente. Todo esto sucede mientras el minutero de la escaleta se regala alegremente a explicar qué significa tener carisma según un algoritmo.

No necesitamos que el telediario nos traduzca las redes sociales; necesitamos que nos cuente qué pasa con nuestras vidas.

El periodismo tradicional está renunciando a su función social para competir por el aplauso fácil del clic y la audiencia rápida. Cuando el entretenimiento barato devora la escaleta del informativo, la ciudadanía se queda a oscuras. No se puede hablar de derecho a la información cuando los problemas reales de los ciudadanos se ocultan detrás de una pantalla de humo digital. El silencio mediático sobre las crisis humanas, sociales y económicas que verdaderamente quitan el sueño a la gente es ensordecedor. Urge que los informativos vuelvan a pisar el suelo y dejen de mirar las tendencias de las pantallas, porque cuando el telediario pasa de ser un servicio público a convertirse en un triste chiste de tres minutos, la democracia pierde su brújula.

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