Miércoles, 16 de septiembre de 2026 Edición Nº 9
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Economía · Cuatro Décadas de Política Económica

Gastar, frenar, repetir: el patrón que se repite en cuatro décadas de economía española

Habrás escuchado que la economía española "va como una moto". Pero cuando bajas al supermercado o hablas con el dueño del bar de la esquina, la sensación no cuadra con las cifras. La historia económica reciente de España sigue un patrón reconocible: quien gobierna en los años de gasto no siempre es quien gestiona el ajuste posterior.

Es una escena habitual: los datos macroeconómicos pintan un país que crece con fuerza, pero el bolsillo de mucha gente no lo nota. Para entender por qué el relato oficial y la realidad cotidiana no siempre coinciden conviene mirar hacia atrás, a cómo se ha comportado la economía española desde el inicio de la democracia. El patrón que se repite, según el diagnóstico que comparten buena parte de los análisis económicos sobre este periodo, es este: en las etapas de gobierno socialista el gasto público ha tendido a crecer con fuerza, y ha sido con gobiernos del PP cuando se han aplicado los principales ajustes fiscales.

Los gobiernos socialistas de Felipe González modernizaron el país —infraestructuras, sanidad, educación, entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986—, pero combinaron un fuerte gasto público con una regulación laboral muy rígida. Cuando en 1992-1993 golpeó una recesión de alcance europeo, ligada a la crisis del Sistema Monetario Europeo, España resultó especialmente vulnerable: el paro escaló hasta rondar el 24% en 1994, uno de los picos más altos de la serie histórica del INE, y miles de pequeños negocios cerraron. José María Aznar llegó en 1996 con un objetivo muy concreto: cumplir los criterios de Maastricht para entrar en el euro. Combinó disciplina fiscal, rebajas de impuestos y una primera flexibilización laboral, y el resultado fue una reducción sostenida del déficit y una caída notable del paro.

El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero recuperó el Gobierno en 2004 en pleno boom inmobiliario, que disparaba la recaudación por la vía del ladrillo. En lugar de ahorrar ese superávit de cara a un cambio de ciclo, el gasto público siguió creciendo, y cuando en 2008 estalló la crisis financiera internacional, España llegó sin margen de maniobra. La respuesta fue, entre otras medidas, el Fondo Estatal de Inversión Local de 2009 —el "Plan E"—, miles de millones en obra pública menor muy criticados por su escaso efecto sobre el empleo estructural. Ese endeudamiento repentino tuvo además un efecto conocido en economía como "crowding out" o efecto expulsión: cuando el Estado capta de golpe mucho crédito, el que queda disponible para autónomos y pymes se reduce. Es como un banco que reparte su capacidad de préstamo entre un cliente que siempre paga —el Estado— y otro con más riesgo —el pequeño negocio—. El resultado fue un cierre masivo de negocios, y el paro no dejó de subir hasta rozar el 27% a comienzos de 2013, con España al borde del rescate.

Mariano Rajoy llegó a finales de 2011 con la economía en caída libre, y el paro siguió subiendo más de un año después, hasta el máximo histórico de 26,94% en 2013, antes de empezar a bajar. La Reforma Laboral de 2012, con sus mecanismos de flexibilidad interna, contribuyó según estudios posteriores del Banco de España y la OCDE a que la recuperación del empleo a partir de 2014 fuera más rápida que en la crisis anterior.

El PIB nominal crece con fuerza, pero buena parte de ese avance refleja la subida de precios. La convergencia de España con la renta media europea sigue estancada.

Ese es el telón de fondo sobre el que se libra el debate económico actual. El Gobierno presume de cifras récord de empleo, afiliación y crecimiento, y España lidera, en efecto, el crecimiento entre las grandes economías de la eurozona desde 2024. Pero varios análisis apuntan a matices importantes detrás de esas cifras absolutas. El primero: la reforma laboral de 2021-2022 generalizó la figura del "fijo discontinuo", y durante sus periodos de inactividad cientos de miles de estos trabajadores —más de 860.000 a comienzos de 2026, según El Economista, ya por encima de quienes efectivamente trabajan bajo ese contrato— quedan registrados como demandantes de prestación en el SEPE sin reflejarse siempre con claridad en las cifras de paro que se difunden. El Independiente calcula que, de contabilizarlos todos como parados, la tasa oficial sería varios puntos más alta; el Gobierno y el INE responden que mantienen un contrato indefinido en vigor, así que el debate sigue abierto.

El segundo matiz es la deuda: ronda el 100-103% del PIB, muy por encima del 60% de referencia europea, aunque por debajo del pico pandémico. Atribuir todo el crecimiento actual al gasto a crédito sería una simplificación, porque el PIB también avanza por turismo récord, exportaciones e inmigración; pero el nivel de endeudamiento sigue ahí, sin que ningún gobierno lo haya corregido de forma sustancial. Y el tercero es el más perceptible en el día a día: el PIB nominal crece con fuerza, pero buena parte de ese avance refleja la subida de precios. Si se mira el PIB real por habitante, descontando la inflación, la convergencia de España con la renta media europea sigue estancada, con la media comunitaria superándonos en torno a un 30% según los últimos análisis. Ahí está la explicación más directa de por qué las macrocifras no siempre llegan al bolsillo ni a los márgenes, cada vez más ajustados, del pequeño comercio.

Ninguno de estos matices convierte la macroeconomía española en un fraude, ni existe una ley económica que condene a la izquierda al despilfarro y bendiga a la derecha con el rigor. Pero el recorrido de las últimas cuatro décadas sí muestra un patrón recurrente: los periodos de bonanza fiscal han coincidido casi siempre con un aumento notable del gasto bajo gobiernos socialistas, y los principales ajustes han llegado, en cada ocasión, de la mano del PP. Si ese patrón se repite una vez más dependerá de quién tenga que gestionar el próximo cambio de ciclo.

Fuentes: INE (series históricas de la EPA), Banco de España, Eurostat, Comisión Europea, OCDE; El Economista (fijos discontinuos apuntados al paro, 2025-2026), El Independiente (estadística de fijos discontinuos), Bolsamania e Infobae (crecimiento del PIB 2024-2025), El Economista y The Objective (PIB per cápita, 2025-2026), Nada es Gratis, La Moncloa.

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