Miércoles, 16 de septiembre de 2026 Edición Nº 9
LA

ALMENARA

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Opinión

Lo políticamente incorrecto es lo correcto

La imagen de Kylian Mbappé, Vinícius Júnior e Ibrahima Konaté saltando al césped del Martínez Valero con la camiseta de apoyo a Ceuta doblada para ocultar el lema "Todos somos caballas" ha sido motivo de indignación, y no es para menos.

El club habla de "sensibilidades personales" y sin embargo, la lectura es mucho más cruda, incómoda y real. Lo que presenciamos no fue un acto de rebeldía contra el sistema; fue la puesta en escena perfecta de la nueva corrección política. Una corrección que prefiere ponerse de perfil, proteger el dogma bienpensante y priorizar la mirada idílica hacia la inmigración ilegal antes que reconocer el impacto, las consecuencias negativas y el desamparo que sufren los ciudadanos que de verdad lo están pasando mal en suelo español.

Pero ¿qué significa ser políticamente correcto hoy en día? Significa, fundamentalmente, elegir qué realidad merece compasión y cuál debe ser silenciada.

Lo correcto, bajo los cánones del espectáculo global, es abrazar ciegamente la narrativa del desamparo del que entra a nado o por vías ilegales, ignorando de manera sistemática los problemas de seguridad, convivencia y desbordamiento social que esa misma inmigración descontrolada genera en las comunidades receptoras.

Los futbolistas, convertidos en marcas multinacionales, saben perfectamente qué banderas cotizan al alza en el mercado de la moralidad y cuáles resultan conflictivas. Apoyar explícitamente a los caballas que viven en primera línea la presión de la frontera implica señalar un problema que las élites prefieren maquillar o simplemente obviar. Por eso es más cómodo doblar la camiseta, esconder el lema y ponerse el escudo de la indiferencia.

La corrección política se ha convertido en un ejercicio de cinismo institucional que consiste en echar un tupido velo sobre las malas consecuencias de ciertas políticas para no romper el mito del buenismo universal.

La corrección política ya no es hacer lo correcto. Es, simplemente, el traje de gala que usan los privilegiados para no tener que mirar a la cara los problemas reales.

No podemos negar, a estas alturas de la película, que se producen circunstancias profundamente negativas derivadas de esta entrada de gente de forma ilegal. Es una ceguera voluntaria que pagan los de siempre: el ciudadano promedio.

Al censurar el mensaje de apoyo a Ceuta, lo que estas estrellas del fútbol hacen es validar ese veto ideológico. Prefieren alinearse con la postura oficialista que protege al inmigrante ilegal de cualquier crítica, antes que solidarizarse con una población española que se siente abandonada y silenciada por sus propios representantes y por los altavoces del entretenimiento.

Forzar la foto de la concordia mientras se oculta deliberadamente el dolor y la preocupación del ciudadano de a pie solo genera un abismo de desafecto. El gesto del Martínez Valero demuestra que la corrección política ya no es hacer lo correcto. Es, simplemente, el traje de gala que usan los privilegiados para no tener que mirar a la cara los problemas reales que incendian nuestras calles. Porque mientras Mbappé, Vinícius Júnior e Ibrahima Konaté siguen su día a día entre mega chalets, escoltas y toda clase de lujos, los caballas no pueden ni pisar las calles con tranquilidad, y dar la cara por ellos les resulta políticamente incorrecto. Cuando la verdadera incorrección, aquí, es la poca vergüenza que tienen.

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