Miércoles, 16 de septiembre de 2026 Edición Nº 9
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Cultura · Ópera y Patrimonio Musical

De Florencia a Barcelona: «Aida» abre la temporada del Liceu cuatro siglos después de que naciera la ópera

El Gran Teatre del Liceu estrena el 23 de septiembre una nueva producción de la obra de Verdi con dirección escénica de la artista visual iraní Shirin Neshat. Es una buena ocasión para recordar de dónde viene, en realidad, este género: no de Egipto ni de la grandilocuencia, sino de un pequeño círculo de intelectuales florentinos empeñado en resucitar la tragedia griega.

El Gran Teatre del Liceu de Barcelona abre su temporada 2026-2027 el próximo 23 de septiembre con una nueva producción de «Aida», de Giuseppe Verdi, que se podrá ver hasta el 15 de octubre. La dirección escénica corre a cargo de Shirin Neshat, artista visual y cineasta iraní reconocida internacionalmente por su trabajo sobre identidad, exilio y poder, que firma aquí su primera gran incursión operística de este calado. Su montaje, creado originalmente para el Festival de Salzburgo, renuncia a la grandilocuencia habitual de las «Aidas» de gran aparato para construir lo que sus responsables describen como «un ritual visual en el que belleza y conflicto dialogan constantemente», convirtiendo la ópera en una reflexión contemporánea sobre la identidad, el exilio, la opresión y la fragilidad del poder. La escena final, la del sepulcro, se plantea no como una condena sino como un acto de liberación emocional y espiritual. Al frente de la orquesta estará principalmente Antonello Manacorda, con Josep Gil en varias funciones, y el reparto incluye a Anna Netrebko y Anna Pirozzi alternándose como Aida, junto a Yusif Eyvazov y Piotr Beczała como Radamès y Ekaterina Semenchuk como Amneris, entre otros artistas.

Conviene aprovechar el estreno para recordar de dónde viene realmente la ópera como género, porque su origen tiene poco que ver con el boato egipcio de «Aida» y mucho con un experimento intelectual de salón. Nació en Florencia hacia 1600, de la mano de la llamada Camerata Fiorentina, un grupo de poetas, músicos y eruditos —entre ellos el conde Giovanni de' Bardi, el compositor Jacopo Peri, Giulio Caccini y el libretista Ottavio Rinuccini— que se reunía para discutir cómo había sonado, en realidad, la tragedia griega antigua. Su conclusión, más intuición estética que certeza histórica, fue que aquellas obras se habían recitado cantando, en una declamación musical continua muy alejada tanto del canto polifónico de la época como del habla corriente. De ese intento de reconstrucción nació un género completamente nuevo.

De ese intento de reconstrucción de la tragedia griega nació un género completamente nuevo: la ópera.

La primera obra que suele considerarse una ópera propiamente dicha es «Dafne», con música de Jacopo Peri y libreto de Rinuccini, representada en Florencia en 1598; de ella solo se conservan fragmentos. La primera ópera que se conserva completa es «Euridice», también de Peri, estrenada en 1600 con motivo de la boda de María de Médici con el rey Enrique IV de Francia, un encargo que dice mucho de la ambición política y social que rodeó desde el principio a este nuevo arte. Fueron piezas todavía experimentales, pensadas para un público reducido y cortesano, muy lejos de la ópera como espectáculo de masas que conocemos hoy.

El salto decisivo llegó pocos años después, en 1607, con «L'Orfeo» de Claudio Monteverdi, estrenada en la corte de Mantua. Monteverdi tomó aquel experimento florentino y le dio una densidad dramática y musical que ninguna de las óperas anteriores había alcanzado, combinando el nuevo estilo recitativo con una orquestación mucho más rica y una construcción dramática sólida. Es, en la práctica, la primera ópera que sigue representándose con regularidad en los teatros de todo el mundo, y con ella el género dejó de ser un divertimento cortesano ocasional para convertirse en una forma artística estable, que en las décadas siguientes se extendió primero por las cortes y ciudades italianas —con la apertura en Venecia, en 1637, del primer teatro de ópera abierto al público de pago— y después por Francia, Inglaterra, Alemania y el resto de Europa, en un proceso de expansión que no se detendría ya durante los siguientes cuatro siglos.

De ese pequeño círculo florentino que buscaba recuperar el sonido perdido de la tragedia griega a la producción que Shirin Neshat presenta esta temporada en el Liceu median casi cuatrocientos treinta años y una transformación radical de escala, de medios y de ambición. Pero la pregunta de fondo —cómo contar una historia humana a través del canto, y qué papel juega el poder, la identidad y el destino en esa historia— sigue siendo, en el fondo, la misma que se hicieron Bardi, Peri y Rinuccini en sus reuniones florentinas de finales del siglo XVI.

Fuentes: Gran Teatre del Liceu (liceubarcelona.cat), Última Hora (programación de la temporada 2026-2027); Wikipedia y Encyclopaedia Britannica (Dafne y Euridice de Jacopo Peri, L'Orfeo de Monteverdi); Ópera Actual, historia de la ópera.

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