Miércoles, 21 de octubre de 2026 Edición Nº 12
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

← Volver a portada
Opinión

Cuando tu libertad coarta la mía

Hay una frase que se repite cada vez que alguien se atreve a señalar lo evidente: que hay que respetar la libertad de expresión, el derecho a manifestarse, el derecho a la protesta. Y sí, lo respeto, lo he respetado siempre y lo seguiré respetando. Lo que no entiendo, lo que ya no estoy dispuesta a tragar en silencio, es por qué ese respeto solo circula en una dirección. Se me exige que respete tu derecho a quemar un contenedor, a reventar un escaparate, a prender fuego a un ayuntamiento. Pero nadie, en ningún momento, me pregunta a mí si estoy dispuesta a que mi libertad, la de vivir sin miedo, la de tener un negocio sin que me lo arrasen una noche cualquiera, quede coartada por la tuya. Mi libertad termina donde empieza la tuya, dicen. Pues entonces que alguien me explique por qué la mía parece terminar mucho antes.

Porque de eso no se habla lo suficiente: de quién paga realmente la factura cuando tú decides que tu forma de protestar es destruir. La pagamos todos, con nuestros impuestos, en la limpieza de las calles, en la reconstrucción de lo que tú has quemado, en los operativos policiales que hacen falta para que la próxima vez no sea peor. Y la pagan, sobre todo, los que peor lo pueden pagar: el dueño del bar de la esquina que ha trabajado veinte años para levantar su negocio y que, de la noche a la mañana, tiene que empezar de cero porque a ti te pareció buena idea reventarlo. Ese hombre no forma parte de ningún debate político. No tiene nada que ver con tus reivindicaciones, por legítimas que sean o que tu consideres que son. Y sin embargo es quien de verdad sufre las consecuencias, mientras tú vuelves a casa con la cara tapada y sin dar la cara. Porque otra cosa no pero cobardes sois un rato.

No eres anarquista, por mucho que te lo creas. Lo que tú haces cuando destrozas sin más no es una revuelta contra el sistema, es exactamente lo que el sistema necesita de ti. Porque mientras tú estás ocupado prendiendo fuego a un contenedor, nadie te está preguntando por qué llevas años sin que te resuelvan nada de verdad. Te dejan creer que estás siendo libre, que estás siendo rebelde, cuando en realidad estás haciendo exactamente el papel que te han asignado. Eres parte del sistema, porque el sistema necesita precisamente que la conversación sea sobre tu violencia, y no sobre su incompetencia.

Eres parte del sistema, porque el sistema necesita precisamente que la conversación sea sobre tu violencia, y no sobre su incompetencia.

Se puede defender la vivienda, la educación o lo que haga falta sin quemar lo que otro ha construido con su esfuerzo. Y quien no sea capaz de ver esa diferencia, por mucho que se disfrace de rebeldía, no está defendiendo ninguna libertad: solo está destruyendo la de los demás.

← Volver a portada