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Economía

La maldición de 2008 no ha muerto: sigue latente bajo un maquillaje estadístico

El paro registrado ha bajado de los 2,3 millones por primera vez desde 2008, un hito que algunos medios ya celebran como el fin definitivo de la crisis. Pero la letra pequeña de los datos del SEPE cuenta otra historia: la de una recuperación que se sostiene, en buena parte, sobre la precariedad y el maquillaje contable.

Gráfico económico sobre el paro en España

Imagen: conversesacatalunya

Un hito con trampa

El pasado mes de junio, el paro registrado en España bajó de los 2,3 millones de personas por primera vez desde 2008, acercándose a mínimos históricos. El titular es llamativo y, en las últimas semanas, varios medios lo han presentado como la prueba definitiva de que España vive una etapa de bonanza económica imparable. Pero ese relato se sostiene sobre una lectura incompleta —y en varios casos directamente interesada— de los datos oficiales.

Porque el propio dato del paro registrado esconde un pero en mayúsculas: la cifra de personas inscritas como demandantes de empleo pese a tener ya un trabajo —los popularmente conocidos como "fijos discontinuos" y otras figuras similares— aún supera en 568.865 personas la cifra que había antes de la quiebra de Lehman Brothers en 2008. Es decir, hay hoy más gente "pegada" a las listas del SEPE trabajando que entonces, y esa distorsión es la que permite maquillar el titular.

Los demandantes de empleo que ya tienen trabajo suman actualmente 1,25 millones, el máximo histórico de la serie si se excluyen los ejercicios 2020 y 2021, marcados por los ERTE. Es un 83% más que en junio de 2008. Y aquí está la clave que desmonta el relato triunfalista: mientras los parados registrados "de toda la vida" apenas han bajado un 4,1% en 18 años, los demandantes con relación laboral activa —gente con contrato, pero igualmente inscrita como demandante— se han disparado. El descenso del paro puro se ve compensado, casi por completo, por el aumento de esta otra categoría.

En conjunto, el primer semestre del año cerró con 4,15 millones de personas inscritas en las oficinas de empleo, un 18,9% más que en junio de 2008. Dicho de otro modo: la fotografía general del mercado laboral no ha mejorado tanto como pretende venderse; simplemente ha cambiado de forma. La precariedad y la rotación de contratos han sustituido, en gran medida, al paro tradicional, y ese matiz es el que desaparece cuando se repite sin más el titular de "mínimos históricos".

¿Bonanza económica? Los datos oficiales, matizados

Este mismo relato optimista se ha trasladado también al debate sobre el crecimiento. Es cierto —y así lo confirma el INE— que el PIB español creció un 2,8% en 2025 y mantiene un ritmo interanual del 2,7% en el primer trimestre de 2026, por encima de la media de la eurozona. Negar esa cifra sería tan engañoso como el relato que se denuncia en este artículo. El problema no es que el dato sea falso, sino cómo se utiliza: se presenta como sinónimo de bienestar generalizado, cuando conviven con él una tasa de ahorro de los hogares que ya ha bajado al 11,3% —seis décimas menos que a finales de 2025— y un mercado laboral que, como hemos visto, sigue sin resolver su problema estructural de precariedad casi dos décadas después de Lehman Brothers.

Ahí está el verdadero debate: no se puede seguir presentando un crecimiento macroeconómico real como si fuera sinónimo de una recuperación completa y homogénea, cuando los propios datos oficiales —los del SEPE y los del INE, no una interpretación partidista— muestran que la mejora convive con una precariedad laboral que no ha desaparecido, solo ha cambiado de careta.

18 años después de Lehman Brothers

El 15 de septiembre de 2008, la quiebra de Lehman Brothers desencadenó una crisis financiera global de la que España tardó años en recuperarse, agravada por el estallido simultáneo de su propia burbuja inmobiliaria. Casi dos décadas después, la comparación con aquellos datos previos a la quiebra se ha convertido en la vara de medir con la que ahora se mide el supuesto éxito de la recuperación. Pero medir el presente contra el peor momento posible —el pico de una crisis histórica— es un ejercicio que maquilla más de lo que aclara. Que hoy haya menos parados que en 2008 no es, por sí solo, una noticia: la pregunta real es si el modelo laboral que ha sustituido a aquel paro masivo es sólido, o si simplemente ha cambiado de nombre.

Fuentes: SEPE, INE, Banco de España y elEconomista.

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