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Análisis · Religión

Nicaragua: la cruzada de Ortega y Murillo contra la Iglesia que no logra doblegarse

Mientras este verano el mundo hablaba de fútbol, en Nicaragua la Semana Santa se vivió bajo vigilancia policial: sacerdotes obligados a entregar sus homilías por escrito y sin permiso para procesionar. No es un episodio suelto, sino la fotografía más reciente de una de las persecuciones religiosas más severas que hoy se libran en Occidente, y que la agenda internacional sigue tratando como nota de pie de página.

Un patrón, no un incidente

Los números, acumulados, dejan de ser estadística y describen una política de Estado. Según medios especializados, en Nicaragua se han documentado más de 1.030 ataques contra católicos y 149 sacerdotes han sido expulsados o forzados al exilio. Otros conteos elevan a más de 309 los religiosos expulsados en los últimos años. El informe "Fe bajo fuego", del Colectivo Nicaragua Nunca Más, documenta al menos 261 desterrados, incluido el propio presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Carlos Herrera. Human Rights Watch sitúa en más de 200 los religiosos exiliados solo entre 2023 y 2025.

La maquinaria tiene además respaldo legal: la Ley de Traición a la Patria permite declarar "traidores" a sacerdotes y líderes eclesiásticos, habilitando retirarles la nacionalidad y confiscar sus bienes. Desde 2018, el régimen ha cerrado más de 1.650 iglesias y organizaciones religiosas.

El símbolo: monseñor Rolando Álvarez

Ningún caso resume mejor esta cruzada que el del obispo de Matagalpa, condenado a 26 años de prisión tras denunciar abusos del régimen. Se negó al exilio la primera vez que se lo ofrecieron, y solo una negociación con el Vaticano permitió su liberación, ya desterrado. Ortega también disolvió y expropió a la Compañía de Jesús —la orden del propio papa Francisco— y ha calificado a la Iglesia de organización mafiosa.

Testimonios desde el anonimato

Un sacerdote en servicio activo relató de forma anónima que la policía llega cada domingo a fotografiarlo y que debe informar cada salida de su parroquia; mencionar un problema social en la homilía puede costarle la cárcel o el destierro. En Estelí, la segunda diócesis más golpeada tras Matagalpa, el régimen prohibió directamente las ordenaciones sacerdotales.

Nicaragua en el mapa global

Según la Lista Mundial de la Persecución 2026 (Puertas Abiertas), más de 388 millones de cristianos —uno de cada siete en el mundo— viven bajo altos niveles de persecución, y Nicaragua ocupa el puesto 32 del ranking global, solo detrás de Cuba en América Latina. El informe "Rostros de los Perseguidos", de International Christian Concern, señala directamente al binomio Ortega-Murillo como responsable de un patrón sistemático de desapariciones y detenciones religiosas.

¿Por qué le teme un régimen a la Iglesia?

La Iglesia católica fue una de las pocas instituciones que, en la crisis de 2018, protegió a manifestantes y denunció abusos, y conserva una capacidad de movilización moral que ningún otro actor social disputa al Estado. Analistas y opositores coinciden: Ortega y Murillo no persiguen a la Iglesia por teología, sino porque la ven como el último rival capaz de organizar una conciencia colectiva fuera de su control.

Para quien valora la libertad religiosa como pilar de la sociedad civil, el caso nicaragüense debería pesar más de lo que hoy pesa en la agenda internacional: cuando un poder político no tolera ninguna autoridad moral independiente, la Iglesia suele ser la primera en pagar el precio.

Fuentes: Puertas Abiertas, International Christian Concern, Colectivo Nicaragua Nunca Más, Human Rights Watch, ACI Prensa, Infobae, Artículo 66.

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