Los amish: viven como en el siglo XVIII y son una de las comunidades que más rápido crece en Estados Unidos
Sin electricidad de red, sin coches propios y con las normas de cada comunidad decididas en asamblea, los amish han pasado de 318.000 personas en 2017 a más de 421.000 en 2026. Su secreto no es el aislamiento sin más, sino unas reglas pensadas para que la tecnología nunca debilite a la comunidad.
En pleno 2026, con más de 421.000 personas repartidas entre Estados Unidos y Canadá, los amish son una de las comunidades religiosas de más rápido crecimiento del mundo: su población se duplica, de media, cada veinte años, y solo entre 2017 y 2026 han pasado de 318.000 a más de 421.000 miembros. Lejos de ser un grupo en extinción recluido en postales turísticas de Pensilvania, los amish viven hoy un momento de expansión demográfica y geográfica sin precedentes en su historia reciente.
Un cisma dentro del anabaptismo
El origen de los amish se remonta al movimiento anabaptista surgido en Zúrich en 1525, cuando Conrad Grebel y George Blaurock se rebautizaron mutuamente en rechazo al bautismo infantil de la Iglesia oficial. Casi dos siglos después, en 1693, el predicador suizo Jakob Ammann encabezó un cisma dentro de los menonitas anabaptistas de Suiza y Alsacia, defendiendo una disciplina más estricta con los miembros expulsados de la comunidad, a los que proponía evitar incluso en la mesa. Sus seguidores pasaron a llamarse "amish", un término que en origen usaban sus opositores como insulto.
Entre 1717 y 1750 llegaron a Norteamérica unos 500 amish, que se instalaron primero en el condado de Berks, en Pensilvania, antes de trasladarse al condado de Lancaster huyendo de la presión demográfica y de la guerra franco-india. Una segunda oleada de unos 1.500 llegó a mediados del siglo XIX, extendiéndose ya hacia Ohio, Illinois, Iowa y el sur de Ontario, la semilla de los grandes asentamientos que hoy conocemos.
El Ordnung: las reglas que rigen cada comunidad
Cada comunidad amish se rige por su propio Ordnung, el conjunto de normas no escritas que regula desde el uso de la electricidad de red y el teléfono hasta el tipo de ropa permitido. Estas reglas se revisan dos veces al año y requieren el consenso unánime de la congregación antes de poder celebrar la comunión, un proceso en el que también vota la mujer. El resultado es que no existe un único modelo amish: desde los más conservadores, como los Swartzentruber, que rechazan tractores, propano, ordeñadoras mecánicas e inodoros con cisterna, hasta las comunidades más permisivas, que aceptan tractores, frigoríficos y herramientas neumáticas.
La rumspringa y la decisión de quedarse
Al llegar a la adolescencia, los jóvenes amish atraviesan la rumspringa —literalmente, "correr de un lado a otro"—, un periodo en el que la comunidad tolera ciertos comportamientos que en otro momento acarrearían la expulsión y el shunning, el vacío social con el que se castiga a quienes rompen las normas tras el bautismo. Pese a la imagen popular de la rumspringa como un periodo de libertad total, la inmensa mayoría de los jóvenes —alrededor del 85%— decide finalmente bautizarse y quedarse en la comunidad, una cifra de retención que ayuda a explicar el crecimiento sostenido de la población amish.
La inmensa mayoría de los amish usa hoy lavadoras con motor (97%) y lámparas a presión (90%), aunque ninguna corriente acepta el automóvil propio, la radio, la televisión o internet.
Tecnología: no es pecado, es comunidad
Contrariamente a la idea de que los amish rechazan la tecnología por considerarla intrínsecamente mala, su criterio de fondo es otro: evitar todo aquello que pueda debilitar la dependencia mutua dentro de la comunidad o alimentar el Hochmut —el orgullo— en lugar de la Demut y la Gelassenheit, la humildad y la aceptación que vertebran su forma de vida. Por eso, por ejemplo, muchas comunidades han rechazado históricamente los limpiadores automáticos de establos, porque dejarían a los jóvenes granjeros con demasiado tiempo libre. En la práctica, la inmensa mayoría de los amish usa hoy lavadoras con motor (97%) y lámparas a presión (90%), un 75% utiliza motosierras y un 70% tiene agua corriente, mientras que solo un 6% emplea tractores para las labores de campo. Ninguna corriente amish acepta, en cambio, el automóvil propio, la radio, la televisión o internet, aunque algunas ramas más integradas permiten un uso limitado del teléfono móvil.
De granjeros a empresarios: la economía amish
La imagen del granjero amish también ha cambiado con el tiempo. En el condado de Ohio de Holmes, el 75% de los hombres casados eran granjeros a tiempo completo en 1965; en 2015, esa cifra había caído al 16%, sustituida por oficios como la carpintería, la construcción, la metalurgia o la pequeña manufactura. Aun así, la comunidad sigue viendo la agricultura como una actividad que refuerza los lazos familiares, y una parte significativa de las granjas lecheras de Estados Unidos —unas 12.000 de las 40.000 que había en 2018— están en manos amish. No todo en esa faceta empresarial está libre de polémica: según datos del Departamento de Agricultura estadounidense, más del 98% de las granjas de cría intensiva de perros de Ohio están gestionadas por familias amish, al igual que el 97% de las de Indiana, una actividad que ha generado críticas de asociaciones de bienestar animal por las condiciones de algunos de estos criaderos y por el destino de los caballos de tiro al final de su vida laboral.
La educación amish, limitada tradicionalmente hasta octavo curso en escuelas propias de una sola aula, llegó a dirimirse ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Wisconsin contra Yoder (1972), después de que varios padres amish fueran multados por no enviar a sus hijos adolescentes al instituto. El Supremo falló a su favor, amparándose en la libertad religiosa, y desde entonces casi la totalidad de los niños amish se educa en escuelas de su propia comunidad. Esa autonomía, sumada a una tasa de natalidad que llegó a superar los cinco hijos por mujer, es hoy la base de una comunidad que, lejos de diluirse en la sociedad que la rodea, no ha dejado de crecer: solo en 2025 se fundaron 36 nuevos asentamientos amish en Estados Unidos.
Fuentes: Elizabethtown College y Young Center for Anabaptist and Pietist Studies (cifras de población y asentamientos 2026, recogidas también por KUTV).