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Miércoles, 29 de julio de 2026 Edición Nº 2
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ALMENARA

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Nacional · País Vasco

La sombra de la kale borroka vuelve

Una oleada de agresiones a aficionados con camisetas de España tras la victoria del Mundial reabre el debate sobre la persistencia de la violencia callejera radical en el País Vasco.

¿Cuánto queda de aquella cultura de violencia callejera en la juventud radical vasca de hoy?

Cuando España ganó la final del Mundial frente a Argentina, la celebración se vio empañada en varias ciudades del País Vasco y Navarra por una oleada de agresiones contra aficionados que vestían la camiseta de la selección o portaban banderas españolas. Los incidentes, ocurridos entre el 19 y el 24 de julio en Bilbao, Vitoria, San Sebastián y Berriozar, han reabierto una pregunta que muchos creían cerrada con el fin de ETA.

Una oleada de agresiones

En Bilbao, un grupo de cuatro personas con camisetas de la selección vasca golpeó brutalmente a un joven de 16 años cerca del Parque de Doña Casilda, donde el PP había instalado una pantalla gigante para seguir el partido. Según relató el propio chico a El Español, antes de la agresión le advirtieron: "Tres tiros os había dado hace diez años". En la misma ciudad, un grupo de alrededor de un centenar de personas protagonizó episodios de insultos, intimidación y agresiones físicas contra hinchas identificados con España, y un equipo de OkDiario fue agredido mientras cubría la jornada.

"Tres tiros os había dado hace diez años"

En Vitoria, la Ertzaintza detuvo a tres jóvenes encapuchados, de 25, 19 y 18 años, por enfrentarse a personas que llevaban camisetas de España; dos de las detenciones se calificaron como agresión por motivos de odio. En San Sebastián se investigó a varias personas por amenazas e insultos, y en Berriozar (Navarra) un grupo de militares fue agredido mientras veía el partido en un bar, un episodio que el diario El Debate vinculó directamente con lo que llamó "los nuevos cachorros de la kale borroka". En total, la Ertzaintza efectuó cuatro detenciones y abrió investigación a una veintena de personas.

El Gobierno Vasco y el PNV condenaron los hechos y expresaron su solidaridad con los agredidos, calificando la violencia como incompatible con los valores de convivencia de la sociedad vasca. El PP vasco, por su parte, habló de una "cacería" organizada por lo que llamó una "jauría de borrokas".

Un patrón con raíces antiguas

Enfrentamientos callejeros en el País Vasco

Enfrentamientos callejeros en el País Vasco. Fuente: Creative Commons.

Lo llamativo no es solo la violencia en sí, sino su parecido con un repertorio que muchos vascos reconocen de memoria: la kale borroka, la "lucha callejera" que la izquierda abertzale desarrolló sobre todo a partir de 1992, tras la detención en Bidart (Francia) de la cúpula de ETA. Aquella estrategia lo que buscaba era mantener la presión en la calle cuando la organización armada perdía capacidad operativa. Era el brazo social de ETA, su forma de ocupar el espacio público cuando las armas no bastaban o no estaban disponibles.

Radicalización de un pueblo

Quienes agredieron a un adolescente en Bilbao o amenazaron a militares en Berriozar son una minoría organizada, no representativa de la sociedad vasca en su conjunto.

Pero tampoco se puede aislar el fenómeno como si fueran hechos aislados sin historia. Estos grupos no operan en el vacío: heredan un imaginario, una estética y hasta un lenguaje, las amenazas de bala, la exaltación de la lucha armada como recuerdo cercano, que solo se explican por la persistencia de una subcultura de radicalización que sobrevivió al desarme de ETA.

Es, en ese sentido, un legado social real: la desaparición de las armas no desactivó automáticamente la cultura que las rodeaba, y esa cultura sigue encontrando cauces, ahora más difusos y sin estructura central, en un sector minoritario pero activo de la juventud abertzale.

Fuentes: El Independiente, The Objective, El Español, El Diario de Madrid, Demócrata, El Debate, Noticias de Álava, El Confidencial Digital.

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