Las tradiciones cristianas de verano que nadie te cuenta
Todo el mundo sabe lo que se hace en Semana Santa o en Navidad. Pero el cristianismo también tiene su propio calendario estival, lleno de hogueras, procesiones marineras y mucho más.
Cuando pensamos en tradiciones cristianas, la mente vuela directamente a los pasos de Semana Santa o al belén navideño. Son, sin duda, los dos grandes hitos del calendario litúrgico que todo el mundo reconoce, pero entre junio y agosto, la Iglesia católica, ortodoxa y protestante, sigue celebrando fiestas que han sobrevivido siglos. Estas son algunas de las más curiosas.
La Noche de San Juan
El 24 de junio, media Europa, y buena parte de Iberoamérica, enciende hogueras en playas y plazas para celebrar el nacimiento de San Juan Bautista, seis meses antes que el de Jesús. Saltar la hoguera, quemar objetos que representan lo que se quiere dejar atrás o bañarse en el mar a medianoche para atraer buena suerte son costumbres que sobreviven en España, Portugal y buena parte de Latinoamérica, conviviendo con misas y procesiones en honor al santo, que digamos que es lo verdaderamente importante y a destacar.
Iván Kupala: la versión eslava, con helechos que dan la suerte
Si San Juan tiene una prima hermana especialmente curiosa, esa es la Noche de Iván Kupala, celebrada en Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia para conmemorar la misma Natividad de Juan el Bautista, según el calendario ortodoxo. Aquí la litúrgica se dispara varios grados en lo mágico: los jóvenes saltan sobre las llamas para purificarse, las chicas lanzan al río coronas de flores con velas encendidas para predecir su suerte amorosa, y corre la creencia de que la noche de San Juan es la única del año en la que florece el helecho, y quien encuentre esa flor imposible obtendrá prosperidad y sabiduría. Los historiadores coinciden en que se trata de un antiguo rito pagano de fertilidad que el cristianismo ortodoxo terminó por adoptar en lugar de erradicar.
La Virgen del Carmen: procesiones que zarpan a alta mar
El 16 de julio, los pueblos costeros de España, y de buena parte de Hispanoamérica, celebran a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y de la Armada española. La devoción se remonta a 1251, cuando, según la tradición, la Virgen se apareció a San Simón Stock, entonces superior de la Orden Carmelita, y le entregó el escapulario como signo de protección. Pero lo que hace especial esta fiesta es su puesta en escena: en lugar de las procesiones habituales por tierra, la imagen de la Virgen navega en barco, escoltada por una flotilla pesquera engalanada con banderines, mientras se bendicen las aguas y se lanzan flores al mar en recuerdo de los marineros fallecidos.
La Asunción de María
El 15 de agosto, festividad de la Asunción de María, la creencia de que la Virgen fue elevada al cielo en cuerpo y alma, es fiesta de precepto en buena parte del mundo católico. Pero además de misas y procesiones, en varios países de tradición eslava y en zonas rurales de Europa se mantiene una conmemoración menos conocida: la bendición de ramos de hierbas, flores y espigas de trigo, que después se guardan en casa durante todo el año como protección para el hogar. En el mundo ortodoxo, donde la fiesta se llama Dormición, la costumbre se traslada también a flores y frutas, reforzando esa idea tan estival de agradecer la abundancia de la tierra en pleno verano.
Un cierre de temporada en Filipinas
Aunque ya roza el otoño en el hemisferio norte, durante nueve días de septiembre, la imagen de Nuestra Señora de Peñafrancia recorre las calles hasta que regresa a la basílica en una espectacular procesión fluvial por el río Naga: la talla viaja en una embarcación engalanada mientras decenas de canoas, remadas —según la tradición local— exclusivamente por hombres, escoltan a la Virgen entre cánticos y fuegos artificiales. Congrega a más de un millón de devotos y funciona como un broche de oro, ya en los límites del verano, para un calendario cristiano que durante estos meses combina fervor religioso, memoria agrícola y ecos de un pasado pagano que nunca terminó de desaparecer.