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Miércoles, 5 de agosto de 2026 Edición Nº 3
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

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Opinión

¿Bailar en bragas es libertad?

Hace no mucho vi un vídeo de una chica bailando en ropa interior en un supermercado, acompañado de un texto en el que aseguraba sentirse empoderada. Y no puedo evitar preguntarme: ¿bailar en bragas en un supermercado es empoderamiento, es liberación, o es simplemente una llamada de atención? ¿Cómo hemos llegado al punto de permitir esto, de normalizar este tipo de conductas? ¿Cómo es posible que una sociedad que se supone debe evolucionar esté, en realidad, involucionando?

La contradicción está en el propio vídeo: una mujer habla de liberación mientras no hace otra cosa que someterse a unos estándares progresistas, que de progreso, no tienen nada. Hemos llegado a creer que hacer lo que nos dé la gana con nuestro cuerpo es exhibirlo, como si de un mercadillo se tratara, y que eso es empoderamiento. Porque si de verdad no importara la mirada ajena, no se estaría actuando delante de una cámara, grabando este vídeo y queriendo demostrar vete a saber qué. Y esta no es una crítica solo a esa persona o a ese vídeo en concreto, sino a una sociedad entera que lo normaliza y lo vende como libertad, como liberación de la mujer, cuando en realidad es un insulto a nuestra inteligencia.

¿Cómo hemos llegado a deshonrar así la memoria de nuestras madres y abuelas, que tanto lucharon por nosotras? Generaciones de mujeres se dejaron la piel para que hoy pudiéramos votar, trabajar y estudiar, para que pudiéramos elegir. Por eso, cuando menos, debería darnos vergüenza reducir todo ese sacrificio a un baile en bragas en el pasillo de los congelados. Eso no es libertad; la palabra libertad significa otra cosa.

Eso no es libertad; la palabra libertad significa otra cosa.

Resulta curioso que muchas de las mujeres que se dicen empoderadas defiendan enseñar el pecho en la vía pública o en cualquier iglesia —y sinceramente, los pechos ya están muy vistos— para después criticar a la mujer que decide ser madre, dedicarse al hogar, sostener a su familia y criar a sus hijos. Para muchas mujeres, esa maternidad es lo más libre y lo más poderoso que han hecho en su vida. Pero claro, eso no encaja con el relato progresista y moderno actual, porque para ese discurso dar vida vale menos que bailar en bragas en un pasillo del supermercado. Y la realidad es justo la contraria.

No tiene nada de admirable creer que eso es libertad, cuando en realidad es sumisión al mundo moderno.

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