📰 Estás viendo el Número 3 (edición archivada) · Ver la última edición
Miércoles, 5 de agosto de 2026 Edición Nº 3
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

← Volver a portada
Cultura · Cómic

De Töpffer a las trincheras digitales: una historia de la viñeta

Cómo el noveno arte pasó del papel de periódico a la pantalla del móvil sin perder su filo crítico.

Viñeta, tebeo, cómic, historieta: son algunos de los nombres por los que se conoce este noveno arte, un género que no siempre ha tenido el reconocimiento que merece a pesar de que todos, alguna vez en nuestra vida, lo hayamos consumido, ya sea en periódicos de tirada nacional o en revistas semanales.

Los orígenes de un noveno arte

Para situarnos, la viñeta moderna nace en Ginebra, Suiza, en 1827, de la mano del pedagogo y escritor Rodolphe Töpffer. Aunque después se industrializó en Estados Unidos, conviene reconocer sus inicios europeos.

Töpffer siempre quiso ser pintor, como lo había sido su padre, pero sufría una afección ocular grave y progresiva que destruyó buena parte de su agudeza visual. Irónicamente, esa enfermedad fue el catalizador que necesitaba para inventar la viñeta moderna: descubrió así los bocetos rápidos de líneas simples y espontáneas, trazos sencillos y exagerados que exigían un menor esfuerzo visual.

Las bases del noveno arte europeo se asentaron poco después en Bélgica, de la mano de Hergé y las aventuras de Tintín, que instauraron una forma de concebir la viñeta como un equilibrio visual para el ojo sin perder el hilo de la historia. Más tarde, con la llegada de artistas como Jack Kirby en Marvel, o la revolución de Moebius y Philippe Druillet, la viñeta clásica dio paso a la ciencia ficción y al surrealismo.

La arquitectura interna de la viñeta

Para entender cómo la viñeta pasó de ser una simple "caja con dibujos" a una herramienta artística compleja, conviene analizar cómo evolucionó su arquitectura interna.

El espacio en blanco que separa una viñeta de otra se llama canalón, y su evolución es uno de los mayores logros narrativos del cómic. En el canalón ocurre la magia de la lectura: si en la viñeta A un hombre levanta un hacha y en la viñeta B vemos un plano de la ciudad con un grito, es el cerebro del lector quien "dibuja" el asesinato en ese espacio en blanco intermedio.

Al principio era una cuadrícula fija de líneas blancas. Con el tiempo, los autores descubrieron que ensanchar el canalón ralentizaba el tiempo de lectura, mientras que estrecharlo o eliminarlo por completo aceleraba la acción y generaba agobio.

Durante los años 40 y 50 el texto empezó a detallarse en lo que hoy conocemos como bocadillo y sus derivados: uno tembloroso equivale a miedo, y uno con pinchos, a gritos. Ya en los años 60 y 70 la viñeta dejó de ser una ventana neutral para pasar a denotar la psicología de los personajes, y los autores de suspense o terror empezaron a usar el canalón negro en sustitución del blanco para aumentar la sensación de aislamiento y miedo.

En los años 80, con la llegada de obras como Watchmen, la viñeta alcanzó una madurez matemática exacta gracias a la retícula de nueve viñetas (3x3), que generaba un ritmo de lectura constante, ideal para desmenuzar la tensión política de la trama. Por esas mismas fechas se popularizó también el recurso de una viñeta grande a modo de fondo de página, con pequeñas viñetas superpuestas que detallaban acciones secundarias.

El tebeo, un invento genuinamente español

Y aquí conviene detenerse en el tebeo, porque es una aportación genuinamente española a la historia del cómic y la viñeta. La evolución de los recuadros y la narrativa gráfica española pasó por varias fases cruciales marcadas por la sátira, la censura y la picaresca.

Antes de la llegada de la prensa moderna, en regiones como Cataluña y Valencia triunfaron las aleluyas. Consistían en una sola hoja de papel dividida en una cuadrícula fija de 48 viñetas, sin globos de diálogo: el texto era un par de versos rimados (pareados) situados justo debajo del recuadro, que explicaban temas religiosos, sucesos o episodios biográficos.

Aunque los primeros bocadillos de diálogo modernos aparecieron en España hacia 1910, en la revista Infancia, la gran revolución estructural llegó en 1917 con el nacimiento de la revista TBO en Barcelona. El éxito de esta publicación fue tan masivo que la Real Academia Española terminó aceptando la palabra "tebeo" —derivada fonéticamente del nombre de la revista— como sinónimo de cómic o publicación de viñetas.

A partir de los años 40 y 50, la Editorial Bruguera se convirtió en el gigante absoluto de la historieta en España. Autores legendarios como Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón, Rompetechos), Escobar (Zipi y Zape) o Vázquez (Anacleto) reformularon la viñeta de humor. Sus historias esquivaban la censura franquista retratando la España real a través de la picaresca y el hambre, como el inolvidable personaje Carpanta, que siempre soñaba con un pollo asado.

A esa etapa pertenece también 13, Rue del Percebe (1961), creada por Ibáñez, que supuso un hito en el diseño espacial del cómic: destruyó la secuencia horizontal tradicional para convertir la página entera en una macroviñeta fija, la fachada de un edificio cortada transversalmente. El lector leía los chistes espiando simultáneamente la vida de cada vecino dentro de su propio piso-recuadro.

El lápiz contra el terror: Forges y Mingote frente a ETA

Antonio Fraguas, "Forges" (1942-2018), fue una de las figuras más importantes de la cultura popular española y un pilar fundamental en la resistencia cívica contra el terrorismo. A través de sus viñetas diarias, principalmente en el diario El País, inventó un lenguaje propio que permitió a la sociedad procesar la tragedia y hacer frente a la barbarie.

Los protagonistas de sus viñetas no eran políticos solemnes, sino sus famosos ancianos con boina, matrimonios de clase trabajadora o ciudadanos comunes. Frente al lenguaje grandilocuente e ideológico de la banda terrorista, Forges respondía con el sentido común de la calle: sus personajes hablaban desde la perplejidad, la empatía absoluta con el asesinado y la condena sin paliativos, despojando al terrorista de cualquier mística revolucionaria.

Viñeta de Forges

Viñeta de Forges.

La comparativa entre Forges y El Roto (Andrés Rábago) refleja dos formas opuestas, pero perfectamente complementarias, de usar el papel y la tinta como armas democráticas contra el terrorismo de ETA en las páginas de El País. Mientras uno buscaba la unión a través de la ternura y la cotidianidad, el otro recurría a la lucidez cortante de la filosofía existencial.

Forges mostraba la violencia como una anomalía incomprensible que rompía la paz de la buena gente, despojando al terrorista de cualquier pátina de heroicidad al enfrentarlo con la aplastante normalidad del ciudadano común, y retratando al violento como alguien profundamente alienado de la realidad social. El Roto, en cambio, retrataba al terrorista como una marioneta de la ideología o un monstruo burocrático: una de sus líneas críticas más feroces no iba dirigida solo al ejecutor del tiro, sino al entorno que justificaba la violencia. Sus textos eran aforismos demoledores.

Por otro lado, Antonio Mingote es, sin duda, el pilar que faltaba para entender la historia de la viñeta de prensa en España. Mientras las revistas semanales de la escuela Bruguera revolucionaban el formato del tebeo infantil, Mingote inauguró una categoría artística superior en los periódicos diarios: el editorialismo gráfico. En 1953 comenzó su legendaria e ininterrumpida colaboración con el diario ABC, prolongada durante casi seis décadas hasta su fallecimiento en 2012. Mingote demostró que un único recuadro diario, con un trazo curvo, limpio y profundamente elegante, podía tener mayor carga crítica, filosófica y analítica que un artículo de tres páginas.

Sus viñetas sobre la banda terrorista ETA constituyen uno de los testimonios gráficos más dolorosos, valientes y rotundos de la historia de la prensa española. A través de las páginas de ABC, Mingote utilizó el marco de su recuadro diario para desnudar la retórica de la violencia, despojando por completo a los terroristas de cualquier épica o justificación política.

Viñeta de Antonio Mingote sobre el terrorismo de ETA

Viñeta de Antonio Mingote sobre el terrorismo de ETA, publicada en ABC.

Fue tal su trascendencia cultural y la finura de su trazo que se convirtió en el primer humorista gráfico en ingresar en la Real Academia Española (sillón r) y recibió el título nobiliario de marqués de Daroca por su contribución histórica a las letras y las artes españolas.

Charlie Hebdo: cuando el atentado contra el lápiz se hizo global

La historia de la viñeta política en España no puede aislarse del trauma que reconfiguró el humor gráfico a nivel europeo: el atentado yihadista contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo en 2015. Si en el contexto español el lápiz de autores como Forges sirvió como bálsamo y cohesión frente al terrorismo doméstico, la tragedia de París demostró que el dibujo político se había convertido en el epicentro de un peligroso pulso geopolítico global.

El asesinato de figuras icónicas como Charb o Cabu no solo convirtió la viñeta en un símbolo universal de resistencia democrática bajo el lema "Je suis Charlie", sino que inoculó en las redacciones de todo el continente la sombra de la autocensura por temor a represalias radicales. Este punto de inflexión internacional obligó a los dibujantes a redefinir el coste de la irreverencia y los límites de la blasfemia, marcando de forma inevitable los códigos de las nuevas generaciones de creadores.

La viñeta en la era digital

El panorama del cómic y el humor gráfico político en España ha sufrido una transformación radical impulsada por la crisis del papel, el impacto de las redes sociales —como Instagram y TikTok— y la polarización del debate público. Las nuevas promesas ya no aspiran únicamente a publicar una viñeta diaria en la contraportada de un periódico tradicional: ahora enfocan la política desde la autoficción, el meme de vanguardia, la sátira de nicho y el activismo social.

Los autores actuales abordan la política desde la caricatura de los líderes del Congreso y desde el impacto de las decisiones políticas en la vida diaria, la salud mental, el feminismo o el mercado laboral.

El humor gráfico y el cómic de corte conservador, liberal o de derechas ha experimentado en España un auge notable en los últimos años. Igual que ocurre en el espectro de la izquierda, estos autores han encontrado en las redes sociales, el crowdfunding y las editoriales independientes el canal perfecto para esquivar los medios tradicionales, combatir lo que consideran la "hegemonía cultural progresista" y canalizar la sátira política contra el actual Gobierno de coalición.

Autores como Puebla, el viñetista de cabecera de ABC (y antes de La Verdad de Murcia), combinan un dibujo limpio, caricaturas fidedignas de los líderes políticos y un tono de ironía clásica, centrado en denunciar las contradicciones de la izquierda, los pactos parlamentarios con el nacionalismo y la pérdida de peso institucional del Estado. También José María Nieto, cuyas viñetas en ABC destacan por un estilo muy personal en el que animales o elementos de la naturaleza reflexionan con retranca castellana sobre la actualidad del país, es un referente del humor inteligente dentro del espectro conservador.

La verdadera renovación de la viñeta y el cómic de derechas en España no está ya en el papel, sino en las pantallas: ahí es donde surgen las nuevas promesas y los formatos más agresivos, con el azote de lo "woke" y de lo políticamente correcto como epicentro casi absoluto de su humor.

A diferencia del humor costumbrista de hace dos décadas, los autores de derechas actuales enfocan su trabajo bajo la premisa de la resistencia cultural. Sus viñetas se plantean a sí mismas como un espacio de rebelión contra los discursos oficiales, utilizando la incorrección política como bandera para conectar de forma muy eficaz con un público joven y descontento en internet.

Algunas de las grandes promesas del tebeo y la viñeta española actual son las siguientes.

Aranguviñetas (@arangux_vinetas)

Es uno de los ejemplos más claros de esta nueva hornada. Él mismo se define como humorista gráfico y futuro historiador, además de ser el creador de Ave Fiesta y de una cuenta de humor satírico-militar. Mezcla con mucha habilidad la divulgación histórica —con constantes referencias al Imperio Romano, la Hispania clásica y la historia militar— con la sátira política actual. Utiliza un humor absurdo e irreverente para reírse de las dinámicas de la izquierda contemporánea, el pacifismo mal entendido o la pérdida de valores tradicionales, y conecta con fuerza con una comunidad juvenil liberal-conservadora apasionada por la historia.

Viñeta de Aranguviñetas
Viñeta de Aranguviñetas

Viñetas de Aranguviñetas (@arangux_vinetas).

Podo, Caballero de Gracia (@podo_libre)

Es otro de los pilares fundamentales de la escena de la viñeta satírica alternativa de derechas y contracultural en España. A diferencia de Aranguviñetas, que utiliza un enfoque más centrado en la historia y lo militar, Podo enfoca su arte desde la guerra cultural de internet, la crítica directa a los creadores de opinión de izquierdas y la colaboración con la comunidad del "bando disidente" digital. Es un viñetista orgánico del ecosistema de creadores de contenido de la derecha liberal y conservadora en redes y plataformas de streaming.

Los dardos de sus viñetas apuntan directamente a lo que este sector denomina "el pensamiento único" o la "cultura de la cancelación": ridiculiza el discurso de la izquierda institucional, exponiendo lo que considera una doble vara de medir en los medios de comunicación masivos.

Viñeta de Podo, Caballero de Gracia
Viñeta de Podo, Caballero de Gracia

Viñetas de Podo, Caballero de Gracia (@podo_libre).

Mientras que Aranguviñetas recurre a soldados romanos o monigotes para contextualizar situaciones absurdas, Podo trabaja mucho la caricatura directa: modifica las facciones de políticos del Gobierno de coalición, de figuras de los medios tradicionales o de activistas para retratarlos con expresiones de cinismo, desconexión de la realidad o fanatismo.

Ambos perfiles dan una foto perfecta de la nueva sátira de derechas: Aranguviñetas aporta la épica histórica y el absurdo, mientras que Podo pone la caricatura pop y la conexión con la primera línea de la batalla cultural en redes.

Conclusión

Desde el bálsamo social de Forges y la herida global de Charlie Hebdo hasta las trincheras digitales de creadores como Aranguviñetas o Podo, el humor gráfico en España demuestra que el trazo sigue siendo un arma democrática vital. El soporte ha cambiado del papel impreso a la pantalla del móvil, pero la esencia del noveno arte permanece intacta: mientras exista un dibujante dispuesto a cambiar el miedo por la sátira, la viñeta seguirá siendo el termómetro definitivo de nuestra libertad.

← Volver a portada