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Miércoles, 5 de agosto de 2026 Edición Nº 3
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ALMENARA

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Crónica · Fútbol mundial

El plan secreto de Infantino que provocó el mayor cisma en la historia de la FIFA

El rechazo unánime de la UEFA y la Concacaf obligó al presidente de la FIFA a retirar su proyecto para vender un 20 % de los derechos comerciales del Mundial a fondos de inversión estadounidenses.

El fútbol mundial vive su mayor crisis institucional desde el FIFAGate de 2015. Gianni Infantino, que llegó a la presidencia de la FIFA prometiendo transparencia, ha visto desmoronarse su plan para privatizar los derechos comerciales del Mundial, y con él buena parte de su capital político. Tras el rechazo unánime de la UEFA, que le obligó a una retirada humillante el sábado 1 de agosto, la organización con sede en Zúrich atraviesa una crisis interna sin precedentes de cara al congreso electoral de 2027.

Durante meses, un círculo reducido de confianza de Infantino diseñó en secreto el proyecto de reestructuración comercial más ambicioso desde la fundación de la FIFA en 1904: la FIFA Forward Enterprise (FFE). El plan consistía en segregar los activos comerciales más valiosos del organismo —derechos de televisión, patrocinios, licencias digitales y hospitalidad de los Mundiales masculino y femenino— en una nueva filial valorada en 20.000 millones de dólares, de la que la FIFA planeaba vender hasta un 20 % a fondos de inversión, con el asesoramiento de JP Morgan y la participación de Thrive Capital, el fondo del inversor neoyorquino Joshua Kushner.

La apuesta de Infantino era clara: repartir hasta 40 millones de dólares por federación en el ciclo 2027-2030, muy por encima de los 8 millones actuales, para blindar el apoyo de África, Asia y Oceanía y asegurar su reelección diluyendo el peso histórico de Europa y Sudamérica.

La UEFA y la doctrina del «fútbol no está en venta»

El plan saltó por los aires cuando la UEFA detectó borradores del acuerdo circulando en Nueva York. Sus 55 federaciones se reunieron en una cumbre de urgencia y rechazaron el proyecto por unanimidad, calificándolo de intento de privatizar el torneo más importante del deporte. «El fútbol no está en venta», sentenció el organismo europeo, que amenazó con el arma más contundente de su arsenal: si la FFE salía adelante, las 55 selecciones europeas boicotearían el Mundial y cualquier otra competición de la FIFA, empezando por el Mundial femenino de 2027 en Brasil. Un Mundial sin España, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia o Portugal no tiene valor comercial ni deportivo: la amenaza bastó para hundir la valoración de 20.000 millones sobre la que se sostenía todo el proyecto.

«El fútbol no está en venta», sentenció la UEFA, que amenazó con boicotear el Mundial si el plan salía adelante.

El aislamiento de Zúrich

Infantino confiaba en que el bloque anglosajón amortiguara el golpe europeo, pero la Concacaf —41 federaciones de Norte, Centroamérica y el Caribe— se sumó también, por unanimidad, al rechazo. A partir de ahí los apoyos se desmoronaron: federaciones de Sudamérica y Asia empezaron a desmarcarse del proyecto, y la promesa de los 40 millones dejó de ser suficiente para justificar una ruptura con clubes y ligas que temían perder el control del calendario internacional.

El sábado negro

El 1 de agosto, en una reunión de urgencia del Consejo de la FIFA, se certificó la derrota de Infantino. Los informes jurídicos advertían de que el proyecto no tenía encaje sin el respaldo de tres cuartas partes del Congreso, un umbral inalcanzable con Europa y Norteamérica en contra; además, los patrocinadores históricos empezaron a pedir explicaciones ante el riesgo de que sus contratos se devaluaran. Esa misma tarde, la FIFA anunció que «suspendía la exploración de nuevas vías de financiación externa para priorizar el consenso», el eufemismo con el que Zúrich certificó el entierro del proyecto.

Un liderazgo herido

La retirada no ha traído la calma. La UEFA acusó a Infantino de haber «quebrado de manera definitiva la confianza» depositada en su gestión y exigió preservar toda la documentación del proyecto —correos, contratos preliminares, actas— ante sospechas de que se usaron recursos de la FIFA para negociar acuerdos que beneficiaban a terceros, lo que ya ha derivado en amenazas de acciones legales. Para los analistas, el golpe al liderazgo de Infantino es estructural: su método de gobernar apoyándose en federaciones pequeñas a cambio de subsidios ha topado con el veto de quienes generan el verdadero valor del fútbol.

Lo ocurrido esta semana en Zúrich va más allá de una disputa entre dirigentes: es una batalla por el modelo de propiedad del fútbol mundial, que el bloque tradicional ha ganado, por ahora, frente al capital privado. Pero el camino hacia el congreso electoral de 2027 se complica para un Infantino que hace apenas un mes se perfilaba para la reelección cómoda y que ahora afronta, en los pasillos europeos, los primeros rumores sobre posibles candidatos alternativos. Las tensiones de fondo —la búsqueda de nuevos ingresos y la brecha económica entre el fútbol europeo y el resto del mundo— seguirán ahí, aunque el proyecto que las destapó haya muerto.

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