📰 Estás viendo el Número 5 (edición archivada) · Ver la última edición
Miércoles, 19 de agosto de 2026 Edición Nº 5
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

← Volver a portada
Internacional

La ruta del Caspio: el nuevo eje geopolítico que desafía el comercio marítimo tradicional

Una red de 7.200 kilómetros de vías férreas, carreteras y barcos está uniendo el corazón de Eurasia, recortando a la mitad los tiempos de transporte entre Rusia y la India y blindando el comercio de las potencias regionales frente a bloqueos exteriores.

Mapa de la ruta del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur

El tramo final del corredor discurre por el Golfo Pérsico, frente al Estrecho de Ormuz, hasta desembocar en el puerto de Bandar Abbas (Irán). No debe confundirse con Chabahar, un puerto iraní distinto, financiado por India, con un propósito estratégico propio.

Lejos de las rutas marítimas tradicionales controladas por las armadas occidentales, un nuevo corredor comercial está uniendo de forma directa los mercados de Europa del Este, el Golfo Pérsico y el Sur de Asia. El proyecto, conocido como Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés), lleva más de dos décadas en marcha y ha ganado un nuevo impulso en los últimos años como vía alternativa frente a las rutas marítimas convencionales.

¿Qué es exactamente el Corredor Norte-Sur (INSTC)?

Es un proyecto de transporte diseñado para mover mercancías utilizando trenes, camiones y barcos de carga a lo largo de unos 7.200 kilómetros. La ruta arranca en Moscú y San Petersburgo (Rusia), cruza el Mar Caspio o transita por países vecinos como Azerbaiyán y Kazajistán, atraviesa el territorio de Irán de norte a sur por ferrocarril y carretera, y conecta finalmente por barco desde el puerto iraní de Bandar Abbas, a orillas del Golfo Pérsico y frente al Estrecho de Ormuz, hasta Mumbai, en la India.

¿Por qué es un golpe estratégico en la geopolítica actual?

Este corredor tiene implicaciones geopolíticas que, según sus promotores, reconfiguran parte del mapa comercial euroasiático. Al transcurrir por el Mar Caspio y por territorio de países socios, defienden sus impulsores, las mercancías e hidrocarburos se moverían con menor exposición a las potencias occidentales, reduciendo además la dependencia de cuellos de botella marítimos vulnerables como el Canal de Suez o el Estrecho de Bab el-Mandeb, propensos a bloqueos geopolíticos o ataques piratas. El corredor también permitiría a la India —una potencia económica democrática— mantener un flujo comercial y energético directo con Rusia, al tiempo que diversifica su propia dependencia de las rutas que pasan por China y Asia Central.

Conviene matizar, no obstante, este relato: analistas especializados en la región señalan que el corredor sigue incompleto, que su uso real hasta ahora ha sido esporádico y muy por debajo de su capacidad teórica, y que su viabilidad plena depende de factores todavía abiertos, como la evolución de las sanciones occidentales sobre Irán. La participación de la India, además, responde tanto al acceso a los mercados de Asia Central como a su propia estrategia frente a China, y no únicamente a un alineamiento con Rusia e Irán.

¿Cuáles son las ventajas económicas reales de esta ruta?

Según cifras difundidas por autoridades portuarias y asociaciones de transporte de los países implicados, el INSTC ofrecería una ventaja competitiva notable frente a la ruta marítima convencional que rodea Europa por el Atlántico y cruza el Mediterráneo: el tiempo de viaje entre Rusia y la India se reduciría de los cerca de 40 días habituales por el Canal de Suez a entre 20 y 25 días, y los costes operativos de transporte por contenedor caerían aproximadamente un 30%.

El tiempo de viaje entre Rusia y la India se reduciría de los 40 días habituales por Suez a entre 20 y 25 días.

Conviene tomar ambas cifras con cautela: proceden en buena parte de pruebas piloto puntuales realizadas hace más de una década y el ahorro de tiempo depende mucho del estado de las rutas alternativas —es mayor cuando el Mar Rojo se ve afectado por ataques hutíes que obligan a los buques a rodear el Cabo de Buena Esperanza—. A ello se suma la promesa de acuerdos aduaneros unificados entre los países miembros, pensados para reducir las tasas de tránsito en las múltiples fronteras que atraviesa la ruta.

¿Qué obstáculos impiden que reemplace por completo al comercio tradicional?

A pesar de su enorme potencial, el corredor enfrenta desafíos estructurales complejos. El principal es la falta de infraestructura homogénea: la línea ferroviaria que debe unir Rasht (Irán) con Astara (Azerbaiyán) —la pieza que falta para que los trenes no tengan que descargar la mercancía en camiones a mitad de trayecto— sigue sin construirse. La firma del contrato de ejecución se ha aplazado en repetidas ocasiones, la más reciente hasta finales de 2026, en gran parte por la inestabilidad de la región. A esto se añaden las tensiones políticas en el Cáucaso Sur, que actúan como un foco de riesgo constante para los inversores, y la incertidumbre sobre el futuro de las sanciones internacionales a Irán, pieza central de toda la ruta terrestre.

Fuente: informes técnicos citados por Federation of Freight Forwarders Associations in India (FFFAI) y organismos portuarios regionales.

← Volver a portada