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Miércoles, 19 de agosto de 2026 Edición Nº 5
LA

ALMENARA

"Donde la noticia encuentra su rumbo"

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Opinión

Los influencers ya no influyen

Hemos convertido la palabra "influencia" en sinónimo de seguidores, y en el camino hemos olvidado lo que de verdad significa dejar huella en la vida de alguien.

Antiguamente, quienes influían de verdad en la vida de los demás eran quienes te daban las claves para que tu vida fuera mejor, no para que les fuera mejor a ellos mientras tú mirabas desde la bancada. Hoy esa palabra se ha vaciado de contenido, y la usamos para casi cualquier cosa.

Se nos ha olvidado el verdadero sentido de lo que es ser un modelo de referencia. Muchas de estas creadoras de contenido lifestyle no mienten sobre sus vidas: sus casas, sus viajes y sus rutinas son reales. Lo que no es real es la idea de que eso sea tener éxito. Porque muchas veces se nos plantea como tal y es simplemente una forma más de vivir pero no la única.

Hemos dado peso y autoridad a gente que no sabe lo que es levantarse a las seis de la mañana a currar, que no sabe lo que es cocinar día y noche para la familia, que no sabe lo que es levantar un negocio desde cero sin contactos, sin ser hijo de o pariente de. No todas, claro. En redes también hay quien influye de verdad: la cuenta que recupera las recetas de la abuela, la que enseña a quitar una mancha del sillón, la que habla de maternidad, de infertilidad, de todo lo que nos puede pasar a cualquiera un martes cualquiera. Esa gente sí influye, porque comparte algo que sirve, algo que se puede usar, algo que hace sentir menos sola a quien lo lee.

Pero hoy llamamos "influencer" a cualquiera que hace un bailecito delante de una cámara, y lo aplaudimos como si estuviera haciendo algo importante. Ahí está el problema de fondo: hemos confundido visibilidad con relevancia, y número de seguidores con autoridad moral. El algoritmo no premia a quien más aporta, sino a quien más engancha, y esa diferencia la estamos pagando sin darnos cuenta. Cuantas más horas pasamos comparando nuestra vida real —con sus facturas, sus turnos y sus malas noches— con el resumen editado de la vida de otro, más se nos entrena para sentir que lo nuestro no alcanza. Eso no es inspiración. Es una forma silenciosa de maltrato que nos infligimos nosotros mismos, un rato cada noche, con el móvil en la mano.

Saber desconectar de los problemas del día a día es importante. Pero nos hemos inmunizado a la desconexión sin sentido: la de deslizar la pantalla durante horas sin encontrar nada que de verdad aporte.

Y para colmo, muchas de estas mismas influencers se permiten mirar por encima del hombro a quien no vive como ellas: a quien no tiene su casa, su cuerpo, su ropa o sus vacaciones, como si una vida valiera menos por no parecerse a la suya. La ironía es que, en la suya propia, la mayoría no ha construido nada: no ha levantado un negocio, no ha sostenido una familia, no ha pasado una noche en vela por sacar algo adelante con las manos. Su único mérito ha sido saber venderse bien delante de una cámara. Y aun así juzgan, opinan y sentencian sobre vidas que ni entienden ni han vivido, con la seguridad de quien confunde enseñar con haber conseguido algo.

El algoritmo no premia a quien más aporta, sino a quien más engancha.

Nuestras verdaderas influencias son otras, y están más cerca de lo que creemos. Son nuestros padres, que salieron adelante en una de las crisis más duras que ha vivido España. Son nuestros abuelos, con relaciones que duraron toda una vida sin manual de instrucciones ni terapia de pareja. Son nuestras amigas, que consiguen un trabajo o ascienden a base de esfuerzo. Son nuestros hermanos, a los que vemos crecer, equivocarse y levantarse otra vez. Esa gente no cobra nada por ello, y aun así es la que de verdad nos sostiene.

Démosle la influencia que merece a toda esta gente. Porque, como decía Christof, el creador del reality en El show de Truman, "aceptamos la realidad del mundo tal y como se nos presenta". Ya va siendo hora de dejar de aceptarla sin más, y de mirar un poco más de cerca quién nos la está vendiendo.

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