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Miércoles, 19 de agosto de 2026 Edición Nº 5
LA

ALMENARA

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Religión y Fe

«Es un chiste de patio de colegio»: una respuesta a Miguel Iríbar sobre la fe católica

El cómico Miguel Iríbar comparó la catequesis con «cine para adultos» y la eucaristía con comerse a un zombi. A continuación, la respuesta punto por punto, y trasladamos el debate a la educación sexual y a lo que se considera una sociedad hipersexualizada.

El debate sobre qué se le puede o no contar a un niño rara vez se plantea con la misma vara de medir para todo. Este artículo nace como respuesta directa a una reflexión del cómico Miguel Iríbar sobre la catequesis católica, y a la pregunta que planteaba: ¿es la religión, para un niño pequeño, un contenido tan inadecuado como el cine para adultos?

Lo que dijo Iríbar

En un fragmento de su monólogo sobre religión, Iríbar planteaba lo siguiente:

"Como el cine para adultos, algo que un niño no debería ver tan pronto. ¿Os parece bien enseñarle a un niño de seis años a un Cristo ensangrentado en una cruz y decirle que ese es Dios, que ese es tu creador, y que tú lo mataste? [...] ¿Os parece esto adecuado para un niño pequeño, o incluso para un adolescente?" — Miguel Iríbar, monólogo sobre religión

Una catequesis que no es la del siglo XIV

La comparación resulta, cuanto menos, anacrónica. Ninguna catequesis moderna ni ningún colegio católico actual educa hoy desde la culpa mórbida o el terror al infierno; esa imagen, más propia del imaginario medieval, no se corresponde con la práctica religiosa contemporánea. A los niños de seis años se les presenta la figura de Jesús desde el amor, el compartir, la ayuda al prójimo y la esperanza, no desde el miedo. Reducir la eucaristía —símbolo milenario de comunidad, entrega y memoria espiritual— a la imagen de «comerse a un zombi» resulta, más que una crítica, una simplificación de patio de colegio. A ello se suma un matiz que el propio rigor exige señalar: los niños que hacen la primera comunión rara vez llegan a probar el vino.

¿Y la educación sexual, qué?

El debate se traslada también al terreno de la educación sexual. Resulta, cuando menos, contradictorio que horrorice la imagen de un niño de seis años ante un crucifijo mientras se aplaude que esos mismos niños de primaria reciban charlas de educación sexual explícitas, con dinámicas propias de un contexto adulto, en las que se les enseña a colocar preservativos en maniquíes de plástico y se les trasladan conceptos ideológicos para los que, psicológicamente, no cuentan aún con la madurez emocional necesaria.

"Para lo que a ellos les interesa, el niño es madurísimo. Para la fe, es un ser indefenso. Bendita hipocresía, sinceramente."

Una sociedad hipersexualizada

Basta con observar el entorno para constatar la sociedad que ha dejado esta supuesta liberación. Se trata de un contexto completamente hipersexualizado, en el que el sexo se ha convertido en un producto de consumo rápido. El resultado, según esta lectura, es una epidemia de adicción a la pornografía entre menores cada vez más jóvenes, junto a problemas de ansiedad crónica, frustración y una hipersexualización acelerada y brutal.

Frente a ese modelo, que vacía de sentido el afecto, la propuesta cristiana sobre el cuerpo no busca la represión, sino la trascendencia y la protección de la dignidad de la persona. El mensaje de fondo es que el cuerpo es sagrado, que no constituye una mercancía para el consumo ajeno, y que merece un amor verdadero basado en el respeto mutuo y la responsabilidad.

Crítica sí, demagogia no

Pretender vender que la fe es hoy un peligro, mientras aplaudimos un sistema que destruye la inocencia de la infancia en las propias aulas y mercantiliza las relaciones humanas, es no enterarse de absolutamente nada. Criticar los errores históricos de las instituciones religiosas es sano y necesario, pero hacer un monólogo basado en el insulto, la brocha gorda y el desconocimiento absoluto no es ser crítico: es ser demagogo.

La fe cristiana es constructiva: es el motor de entrega diaria en comedores sociales, en hospitales y en misiones. Es, para esta tribuna, la base de la civilización occidental, de nuestros derechos humanos, de la dignidad y la igualdad de las personas, de nuestra cultura, nuestro arte y nuestra forma de entender la justicia. El cristianismo y el catolicismo, con todo lo que conllevan, están en esa raíz. Pretender arrancarla de cuajo para sustituirla por el nihilismo, el consumo rápido y la hipersexualización escolar no nos está haciendo más libres: nos está dejando más vacíos y más rotos.

Así que, caballero: menos cinismo, menos superioridad moral de postureo, y un poco más de respeto y de rigor histórico.

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