Toledo cumple 800 años de catedral
Ocho siglos después de que empezara a levantarse la Catedral Primada, la efeméride es una buena excusa para preguntarse si Toledo es el espejo de lo que España fue o de lo que le gustaría haber sido.
Este año se cumplen ocho siglos desde que, en 1226, empezó a levantarse la Catedral Primada de Santa María de Toledo, una de las joyas del gótico en España y sede de la diócesis más antigua del país. La efeméride viene acompañada del programa habitual de estos aniversarios: actos institucionales, exposiciones, misas solemnes. Pero detrás de la fecha redonda hay una pregunta más interesante que el propio calendario de celebraciones.
La catedral se construyó, literalmente, sobre la mezquita mayor de la Toledo islámica, que a su vez se había levantado sobre una basílica visigoda anterior. Tres capas de fe, una encima de otra, en el mismo solar. Ese dato, que suele mencionarse como curiosidad arquitectónica, es en realidad la clave de por qué Toledo ocupa un lugar tan particular en el imaginario español: la ciudad que durante siglos se ha presentado como el gran ejemplo de convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, la «ciudad de las tres culturas».
La piedra de la catedral, construida sobre los cimientos de otra fe, que a su vez se construyó sobre los de otra anterior, es quizás el monumento más honesto sobre cómo cambian realmente las civilizaciones.
Es una etiqueta bonita y, como casi todas las etiquetas bonitas, también parcialmente un mito construido a posteriori. La convivencia toledana existió, pero no fue una utopía multicultural sin fricciones: fue, sobre todo, una convivencia práctica, desigual según el momento político, y sometida a los mismos vaivenes de poder que cualquier otra sociedad medieval. Hubo colaboración intelectual real —la famosa Escuela de Traductores de Toledo, que trasladó al latín el saber griego y árabe conservado en el mundo islámico, es un logro histórico incuestionable—. Pero también hubo, en distintos periodos, discriminación, conversión forzada y, finalmente, expulsión.
Por eso el aniversario de la catedral es una buena excusa para plantear la pregunta de fondo en lugar de repetir el titular institucional: ¿usamos Toledo como espejo de lo que fuimos, o como espejo de lo que nos gustaría haber sido? La piedra de la catedral, construida literalmente sobre los cimientos de otra fe, que a su vez se construyó sobre los de otra anterior, es quizás el monumento más honesto que tenemos sobre cómo cambian realmente las civilizaciones: no por consenso armonioso, sino por superposición, negociación y, muchas veces, imposición.
Ocho siglos después, la torre sigue ahí, visible desde cualquier punto de la ciudad. Lo que ha cambiado es la historia que contamos sobre lo que hay debajo.
Fuente: Catedral Primada de Toledo, Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.